El precio no mide el diseño, mide el trabajo que hay detrás
Cuando pides tres presupuestos para una web, es habitual recibir cifras que no se parecen en nada. No es que uno te esté engañando: es que estáis hablando de productos distintos con el mismo nombre.
Una web de 300 € suele ser una plantilla con tus textos dentro. Una de 5.000 € es un proyecto: análisis, diseño propio, desarrollo a medida, SEO técnico y medición. Ambas se llaman «web».
Qué encarece un proyecto de verdad
Estos son los factores que mueven el precio de forma significativa, ordenados por impacto real:
- Diseño propio frente a plantilla: el diseño a medida multiplica las horas, pero es lo que diferencia tu marca.
- Número de plantillas de página distintas, no de páginas totales.
- Funcionalidad: un formulario es barato; reservas con calendario y pagos, no.
- Integraciones con tu ERP, TPV o CRM.
- Contenido: quién escribe los textos y de dónde salen las fotos.
- Idiomas: cada idioma extra añade traducción, SEO y mantenimiento.
Cómo decidir cuánto invertir
Una forma práctica: calcula cuánto vale un cliente nuevo para ti. Si tu ticket medio son 800 € y la web te trae dos clientes al mes, una inversión de 3.000 € se amortiza en menos de un trimestre.
Si tu negocio no capta clientes por internet y la web es sólo una tarjeta de visita, no tiene sentido gastar 6.000 €. Sé honesto con el papel que juega la web en tu captación antes de decidir el presupuesto.
Señales de alarma en un presupuesto
Desconfía si el presupuesto no especifica quién es el propietario del código, si no incluye plazos por escrito, o si el mantenimiento es obligatorio y sin él la web deja de funcionar. Eso último no es mantenimiento: es dependencia.
