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Negocio24 de julio de 20267 min de lectura

Cómo conseguir que un cliente vuelva sin bajar los precios

El descuento se agradece una vez y se olvida. Esto es lo que hace que alguien elija tu negocio la próxima vez.

El descuento es la herramienta más cara que tienes

Un 10% de descuento sale directamente de tu margen, no de tu facturación. Si trabajas con un 30% de margen, ese 10% se lleva un tercio de tu beneficio en esa venta.

Y lo peor: enseña al cliente a esperar el descuento. La próxima vez que no lo tenga, tu precio le parecerá caro. Has convertido una promoción puntual en un problema permanente.

Lo que sí crea el hábito de volver

La fidelidad real se construye sobre tres cosas: que te recuerden, que les cueste algo irse y que perciban un trato que no encuentran en otro sitio.

Lo primero se resuelve con comunicación automática. Lo segundo, con un programa de niveles. Lo tercero, con memoria: saber qué le hiciste la última vez y preguntarle por ello.

Por qué los niveles funcionan mejor que los sellos

Una tarjeta de sellos es una transacción: diez cafés, uno gratis. Cuando la completas, vuelves a cero y da igual cambiar de sitio.

Un sistema de niveles es distinto: la categoría es algo que has ganado. Si el nivel se recalcula con los puntos del año, mantenerlo exige seguir viniendo. Cambiar de negocio deja de ser gratis, porque pierdes estatus.

Es exactamente el mecanismo que usan las aerolíneas, y funciona por la misma razón: a nadie le gusta bajar de categoría.

La parte que casi nadie hace

Recuperar a los que ya no vienen. Si tienes registrado cuándo vino cada cliente por última vez, puedes avisar automáticamente a quien lleva seis meses sin aparecer.

Un mensaje del tipo «hace tiempo que no te vemos, te guardamos hueco esta semana» recupera a un porcentaje sorprendente de gente que simplemente se despistó. No se fueron enfadados: se olvidaron.

Y todo esto necesita una base

Nada de lo anterior funciona si no sabes quién es cada cliente y qué ha consumido. Ese es el requisito previo: una ficha por cliente con su historial.

Si esa información vive en la cabeza de una persona o en un cuaderno, no se puede automatizar nada. Ahí es donde empieza cualquier proyecto de fidelización serio.

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